I know when you’re around… ‘Cause I know the sound of your heart.

Aún tengo en mi cabeza el primer momento en que cruzamos miradas.

No sé por qué, usualmente mi memoria falla continuamente pero contigo todo es diferente. Tú eres diferente.Supongo que se debe a que me mirabas como si no hubiera nadie más alrededor y eso me atrapó, cosa que no sucede con frecuencia (Cosa que, de hecho, nunca sucede).

Usualmente no haría esto, pero las palabras de Daniela reverberan en mi cabeza cuando me dijo «Deberías escribir todo esto que te está pasando, por favor». Por supuesto, yo me mostré reticente, pero… Bueno, heme aquí, intentando comenzar darle un inicio decente a lo que es una romántica pero distante – y muy cómica- historia de amor (O misterio, llámalo como desées).

Tengo que confesar que aunque apenas inicié esto la diferencia yace, por supuesto, en que tendrá otro final. Aún no sé cuál será el final en específico, pero sé que no será el final que hasta el día de hoy lo ha tenido en nuestra realidad (aunque quién sabe si lo nuestro ya llegó al final porque, para ser sinceros, nunca comenzó.)

Sin más preámbulos, he aquí la versión de Bridget Jones con Amélie Poulain que es mi vida… contigo.

O sin ti, mejor dicho.

And then there’s you

And then there’s you

Mientras divago en ilusiones oníricas, giro mi rostro y me encuentro junto a ti. Qué sorpresa, ahí estás tú. Tan cerca que puedo sentir tu aliento sobre mi mejilla y mis ojos se entrecierran involuntariamente bajo la simple idea del contacto con tu piel.

Ahí estás tú, con esa tenue iluminación que aún no logro diferir si es vespertina o artificial, con tus brillantes ojos color marrón que aparentan ser miel y aquél dorado en tu cabello que me fascina.

Ahí estás tú, cantando una canción que oigo parcialmente, letras que reconozco de lejos y me hacen sonreír, pero que no soy capaz de cantar contigo. ¿Por qué? ¿Por qué no puedo dejar de sonreír ni soy capaz mirarte a los ojos mientras me susurras las letras de aquella canción?

¿Por qué no me sale la voz?

Me despierto.

Ahí estás tú.

 

 

 

Mientras que aquí estoy yo.

 

Cartas a Chanelle

Querida Chal:

Aceptaría bajo palabra que he de necesitar cierto tipo de personas en mi vida, pues soy extremadamente metódico y excesivamente pasivo. Pero, ¿Gente como tú? No hay necesidad, no. Definitivamente no la hay.

¿Te quise? Si, así fue. ¿Te quiero? Probablemente también es cierto. ¿Te querré? No lo sé, la verdad. Siempre he decidido dejarle todo al tiempo y a las coincidencias pese a que dudo en gran parte de la existencia de estas últimas. Sin embargo, no puedo negar que es muy probable que nos topemos en la calle con un “Hola, ¿Qué tal?” tan frío como lo sería con cualquier extraño o un simple conocido. Me dará igual, pues seguramente estaré tan liado con mi vida en ése instante que apenas te mencionaré a mi pareja. Pero en mi cabeza te quedarás revoloteando un buen rato, como sueles hacerlo siempre, tan indecisa e imprudente, intransigente e infantil, escapándote de mí disfrazada en una sonrisa; Y será una ligera carcajada llena de vida que arrastrará todos los recuerdos que se agitan junto a mí llevándome a un tiempo pasado lleno de ti. Si, definitivamente será una buena despedida.

Sin más preámbulos, narraré nuestra historia.

Si es que realmente fue nuestra.