![]() |
| Foto: Susana Alfonso |
Ha vivido el anonimato, el éxito, el olvido, de nuevo el éxito... Las canas pueblan su cabello y las arrugas su rostro. Y esto, viéndolo de lejos, y relacionándolo con la crudeza de algunos pasajes de sus obras, puede llevarte a pensar que estará de vuelta de todo, que será inaccesible. Pero sólo hay que cruzar dos palabras con él para ver que no es así. La circunspección se torna alegría y su rostro, animado por la conversación y con la suma del brillo que cobran sus ojos al hablar con emoción de su profesión, le hacen parecer más joven de lo que es. Porque Francisco González Ledesma, a pesar de cargar a sus espaldas más de cuatrocientas obras, muchísimas de encargo y otras por pura vocación, todavía mantiene intactas las ganas de escribir. La excusa para la conversación fue su última obra publicada, Una Novela De Barrio, con la que ha recuperado a Méndez, su personaje más celebrado, y regresado a su género favorito, el negro. Pero fue también eso, una excusa para saber más de un autor que decidió escribir para contar la historia y las experiencias de sus vecinos más humildes, vecinos con los que parece sentirse todavía en deuda.






