No es necesario ser tu pensamiento constante en la vigilia de tus días ni tu sueño recurrente en las noches de tu almohada.
Si en todo caso puedo ser por fortuna un fortuito toque de un recuerdo tuyo al ver una pareja confidente y enamorada que se cruza por tu camino cotidiano y añoras seamos nosotros y añoras nuestro encuentro con iluminada mirada e inesperada sonrisa.
Si piensas en mi evocando mi memoria al escuchar alguno resaltando tu belleza y la gracias de tu silueta y recuerdas tanto en tus oídos como en tu piel que prefieres de mi los halagos… con eso tengo.
Si ante la brisa gélida extrañas mi presencia y maldices por lo bajo mi presente ausencia y tu pecho aclama al campo abierto mis abrazos… con eso tengo.
Pero si prefirieras otros labios para colmarte de halagos y ruborizan tu sonrisa que les respondes por educación y otras cobijas cruzan tu mente para tu invierno fugaz y otra boca de otro enamorado imaginas por favor no te quedes conmigo…
No pido que te quedes, es una invitación solemne solamente una invitación a quedarte exploradora a quedarte descubridora y descubierta antes que explorada.
El amor perfumado de mis escondidos jardines La adoración que por ti es ojos de agua y caudal de rio buscando tu laguna y tu manantial
Te invito a quedarte compañera y amiga quedarte mas que quedándote a quedarte aunque te hayas ido, y quedarte hasta tu regreso.
Si acaso te hayas convencida una noche en acuerdo con la almohada sorprendida por mi rostro rumeando tus pestañas, puedes llamarme, puedes invitarme a descubrirme sin invitación.
Cuando estoy contigo la paz se respira, aunque mire a través de tus ventanas la ciudad después de la guerra, y me pregunto ¿Cuántos heridos nos aquejan? ¿Tendremos cementerios suficientes? ¿Los curas serán suficientes para esta catástrofe?
Soledades se respiran en tus montes, soledad que trae el viento junto con las hojas, y de vez en cuando silban por las cornisas y se llevan alguna prenda. Soledades pueden ser el refugio de un ermitaño Zaratustra sosegado por el cansancio.
Es común que a veces al abrir la puerta o la ventana para refrescar algún calor hogareño que se ha encerrado, sofocando el interior de la casa, entre aquella ventisca solitaria y mueva el fuego en la chimenea y apague algunas velas. Pero si en todo caso tenemos leños secos y a la mano, la chimenea ni se inmuta; presuroso saco las cerillas y resucito al cabizbajo pabilo.
Depende quien necesite refrescarse mas en su momento, a veces uno tiene los guantes y la chamarra puesta, a veces el otro necesita incluso mojarse la cara. Porque como las buenas flores del jardín, perderemos quizás algún pétalo mientras abrimos el corazón, a lo mejor alguna que otra espina continue la procesión. Pero el viento no mueve las raíces de nuestra tierra fértil, y solo esparce nuestro polen, el cual, como todo inocente, tengo fe que ha de darnos un jardín bellísimo.
Lo importante es ser flor, aunque uno se tarde en florecer, y aunque sea a paso taciturno no dejar de florecer. Pero si, al contrario, el miedo nos vuelve livianos como humo de cigarrillo que se esfuma en el horizonte, y los nervios dicen que no han de ser raíces, mas bien se les antojan las nubes. Entonces podría ser que uno se vuelva pluma sin ave, pelusa sin colcha, bigote sin gato; y cautivado por el soplo travieso y trémulo afín a las llanuras de las soledades, entonces emprenda el vuelo a lomo del corcel de los ermitaños, salga galopando por la ventana o la puerta y con un último relincho al crepúsculo neutro desaparezca para siempre, llevándose consigo hasta el humillo de las velas, el naranja de la ultima braza y las ganas de cerrar la ventana.
Entonces allí solo quedaría sentarse en el sofá, encender un cigarrillo para usar al menos las cerillas, y ver como se desvanece el humo que sale del pecho.
Te pienso y te busco, es verdad; eres recuerdo en mi mente, mi piel se niega al intercambio celular para no perder tus caricias, tus besos, el sudor que alguna vez compartimos. Al final termina cediendo a la natural y arromántica fisiología que dicta lo que debe pasar.
Los días pasan y con ellos cedo tus recuerdos, se ceden solos, mejor dicho: digamos que cae una escama fina de piel donde antes estuvo tu beso. Entonces debajo de ella crecen nuevas células que aprendieron a necesitarte. No se si lo comprendas, trato de decir que tan profundo llegaste a mi vida, que te mezclaste en mis células y estas crean receptores para tu mera existencia. Porque sé que existes, aunque estés lejos.
A veces logro distraer el llamado quimiotáctico con un poco de poesía, un cigarrillo o una buena siesta, a veces un libro o una cerveza… pero aun en aquellos momentos bajo la presión de realizar mis actividades diarias, siempre estas tú, como una pequeña lucecita que se anuncia y avanza con paso inquebrantable. Aunque lo hayan dicho muchos poetas, escritores, aedos errantes; nadie lo ha dicho con mayor justicia que yo -Eres mi primer pensamiento en al despertar y el último antes de soñar- y más que pensamiento, eres una sensación que nació en cada una de mis más de tres billones de células corporales.
Ahora que si dejamos de lado los libros y los artículos para hablar del alma, entonces te pido que cambies esa expresión risueña, quizás incrédula y un tanto juguetona. Porque el alma es mucho más seria, el alma no se limita a alguna vana distracción. A veces ni siquiera acepta tregua.
El alma es voluntad, es atracción, deseo, sueños oníricos, contemplación, arte. El alma es locura y gracias a ella puedo besarte mi locura para que pueda entenderse un poco cuerda.
Este éter que reaccionó al apenas conocerte se negó a seguir existiendo si no podía coexistir junto a ti. A veces es un manicomio mi interior gracias a este éter, alma y corazón no entienden de moléculas, de distancias, de tiempo. El alma no se descama, no negocia ni da el cambio de las tortillas cuando se le deja enamorarse libremente. A lo que voy y no creo que sea un punto final. Mi existencia clama tu presencia, aunque muera un poquito cada día y renazca con una simple de tus llamadas. Esperanza, dulce analgésico de tratamiento sintomático para la ausencia.
Debo ser fuerte, debo seguirte escribiendo cada vez más loco, cada vez más sediento de una sola saliva, de un solo tacto, de un solo par de labios. A veces me pierdo y ya no sé cual es mi forma, mi color, mi ancho ni mi altura. Sin tus ojos espejo que me reflejen. ¿Tendré aroma sin tu nariz que me huela en un abrazo profundo y misterioso?
Preciso a la aurora sean sus rayos tu pelo ¡Que despunte el alba en el cielo! como en mis pupilas tus lunares.
Divino campo elíseo existe bajo las sabanas de trémulos pétalos al roce de los amantes pacientes que juntos sueñas y juntos despiertan.
Entre cuatro brazos Indistinguible se vuelve más de una sístole ni más de una diástole Semillas que germinan en un mismo aliento desde el vientre hasta la boca.
Boca que lo es todo menos huérfana Boca don de muero y renazco en cada morder y sorber Boca que me bautiza a su voluntad, a su capricho.
No me sueltes por favor no me sueltes entre tus uñas me quedo soy tuyo, seré tu aire y tu alimento seré tu esmalte y tu ropaje.
Entre tus dientes y tus uñas entre las paredes que saben mi nombre entre tu piel de otro color hasta la última célula de mi piel y de mi sangre.
Durante años de viajes cortos, paso a paso cada huella en el camino es un verso escrito en el mundo, narrado por los corazones de la gente que vamos tocando. Diez años de poemas, que narran cada sentimiento sentido, desgarrado, violento y absurdo, que se fue sintiendo en cada flor y en cada estrella.
Apago las luces cierro la puerta enciendo un cigarrillo y abro las ventanas.
Soy un ser extraño un cliché soy tinta, pluma agotada.
Escribo sin versos sin rima, sin sentido, sin regla sin dedicatoria.
Ya no quiero, estoy triste y cansado de querer cariño pero no migaja.
Comienzo a temer al prójimo comienzo a temer al amor a medias temo a los que temen temo a las mentiras temo a sus heridas.
Otra vez un corazón roto arto ya de ser viaje sin ser destino arto de ser estación arto de temer a mi querer.
Sentir que está mal esta forma tan mía de entregarme de mi amar del temor a mi “intensidad”.
Estoy cansado de frenarme del ritmo del mundo de que las heridas cicatricen las flores y vengan marchitas sin espinas con caducidad y cautela pétalos y semillas.
Página en blanco cielo sin estrellas ¡Esas estrellas! hasta ellas dejan de brillar…
¿Mueren porque se apagan o se apagan porque mueren?
Estoy harto de sentirlo todo del tonto corazón del necio palpitar, que se entrega sin “peros” que tiene la fuerza de cien ejércitos y al mismo tiempo es un pampo de dientes de león.
Escribo para no perderme escribo para entenderme ¿Cuántas hojas han sufrido la violencia de mi pluma?
Mi almohada podría ser un mar muerto, una noche eterna, una caja de pandora.
ESCRIBIR: Intento de otorgar cierta existencia, cierta duración permanente, a algunos fenómenos pasajeros. Pero poco a poco mediante el trabajo, aquel momento se falsea, se enriquece, alcanza mayor existencia de la que nunca tuvo antes. *Paul Valery
ESCRIBIR: Intento de otorgar cierta existencia, cierta duración permanente, a algunos fenómenos pasajeros. Pero poco a poco mediante el trabajo, aquel momento se falsea, se enriquece, alcanza mayor existencia de la que nunca tuvo antes. *Paul Valery