«Aida come sei bella.» Rino Gaetano
Hola, antes que nada debo decir que no es mi deseo hacer que esta carta suene a despedida.
Solo quiero dar las gracias, de una manera más formal, y dado que no tuve la oportunidad de hacerlo en persona, no me queda más que revivir este viejo blog para escribir estas palabras que hubiera preferido decir de frente.
Teacher, no sé si usted (y quizás no), pero yo recuerdo perfectamente el día que nos conocimos. Yo era un mocoso de 22 años (como los que ahora llegan a mis clases), y quizás no sabía ni la mitad de lo que sé hoy (sobre el mundo, la vida, la enseñanza… sobre mí mismo). Sin embargo, usted confió en mí, y por eso le estoy eternamente agradecido. Debe saber que en mi mente siempre ha existido una pregunta, ¿por qué me contrató? Pese a mi profunda curiosidad, no pretendo obtener una respuesta. Quizás solo me necesitaba para cubrir ese grupo, quizás vio algo en mí, que sé yo. Lo cierto es que esa pregunta me acompaña siempre.
Sin caer en clichés de los que siempre escuchamos (especialmente hoy que es el día del maestro) sobre la capacidad de los maestros para cambiar vidas, debo admitir que usted lo ha hecho conmigo, y con muchos tantos otros que quizás ya se lo hayan dicho, y si no lo hicieron, bueno, sepa que allí están y se han tragado las palabras de agradecimiento que debieron haberle dicho.
Ese 18 de febrero del 2013 que llegué a su oficina, mi vida cambió y comencé una etapa que nunca pude haber imaginado. Ese mismo día, a las 10 de la mañana, no tenía ni idea de que me convertiría en un maestro. Y de hecho, para las 2 de la tarde, ya estaba parado frente a un grupo de estudiantes. En serio, muchas gracias. la vida da muchas vueltas, y quizás una de las razones que tuve para escribir esto es porque no sé lo que pasará en dos años. Quizás continúe en la universidad (para mi desgracia), o quizás no. No lo sé. No me gusta vaticinar cosas, pero sí me gusta estar consciente de lo efímera y volátil que suele ser la vida.
Gracias por ayudarme en tantas cosas. Sepa que aunque algunas fueron tan insignificantes y dentro de ‘la relación de trabajo’, cada una significó, significa y significará siempre mucho para mí, pues gracias a todas esas pequeñas cosas ahora soy quien soy. Gracias porque al abrirme la puerta en la universidad, me permitió también tener la confianza y el tiempo para hacer muchas otras cosas que ahora disfruto, de las cuales quizás no sepa mucho, pero espero algún día poderle hablar.
Ah Aida, ya lo dijo Gaetano hace más de cuarenta años: Aida come sei bella. (Tengo un extraño gusto por la música revolucionaria italiana). Teacher, perdón por la melancolía, pero es extraño ver su escritorio vacío. La voy a extrañar, y deseo que pueda disfrutar esta parte de su vida.
Sepa que pase lo que pase, vaya a donde yo vaya, tiene un lugar importante en mi corazón y ha influido grandemente en mi corazón.
Un beso y un abrazo.







