Los días iban pasando y no sabía que pasarían, jamás he sido fanática del contacto físico, pero con Diego todo era distinto, cada vez que llegaba me recibía con un abrazo, y yo también quería abrazarlo, me sentía tan viva y tan segura, tan feliz, tan cómoda, tan extraña.
Siempre me preguntaba cómo estaba, como asegurándose de que estuviera bien, que no estuviera sola. Siempre me sorprendía con una sonrisa y un abrazo, no importaba de donde éramos, en ese momento todos éramos iguales. Si pudiera conservar tan sólo ese momento, si toda nuestra historia se hubiese mantenido en esos términos, sería la historia más feliz de mi vida.
25 de octubre del 2018
Mi fecha de cumpleaños, había hecho tantos planes para ese día con Ramón, y de repente todo había cambiado, no quería pasar mi cumpleaños sola, y Diego se encargó de que eso no pasara. Andy, mi jefe del momento hizo que 122 personas cantaran el cumpleaños venezolano en la formación de las mañanas, sin duda me sentía especial, fue un día increíble, recuerdo que ese día deambulada por los pasillos y el no estaba haciendo nada, así que decidimos hacer nada juntos. Después de la escuela fuimos al lugar donde ellos se estaban quedando, otro feliz cumpleaños rodeada de gente llena de cariño, el alcohol abundaba, pero el cansancio también, y por algún extraño motivo me sentía un poco triste, y sola. Él era la razón por la que yo estaba ahí, esa noche me tocó dormir con él, y por primera vez, no se sentía extraño dormir con alguien. No he pensado mucho en esa noche, creo que estaba demasiado cansada y en ese momento no estaba buscando a nadie, quizá eso fue lo más increíble de esta historia, que llegó sin buscarla.
26 de octubre del 2018
Creo que este fue el día donde me di cuenta que algo pasaba, o algo me pasaba con él. Después de nuestra jornada, haríamos otra reunión en donde nos estábamos quedando, yo había invitado a todo su grupo, pero honestamente, sólo quería que fuera él, había hecho otros planes y me quedé por esperarlo, recuerdo el olor de su perfume ese día e incluso lo que tenía puesto, la sensación de ese día se quedó guardada en mi memoria para siempre.
Esa noche hacía más frio de lo normal y la manera de entrar en calor fue entre abrazos y sostener nuestras manos. No quería que esa noche terminara y tampoco lo que estaba sintiendo, pero el día después era mi último día, tenía que volver a Katy. Recuerdo sentirme de nuevo inmensamente triste, después de pasar una semana acompañada de personas increíbles me tocaba volver a la realidad, no quería dejar de verlos. No quería dejar de verle.
El último día fue bastante triste, pasé mi día llorando y entre sus abrazos recuerdo que me preguntaba si todo estaba bien, o había hecho algo para que yo estuviese así. La verdad sí, porque parte de esa tristeza era pensar que no iba a volver a encontrarlo, quizá debió permanecer así.
Me despedí creyendo que no volvería a verme, y recuerdo que mientras se despedía me decía “tus hermanitos siempre van a estar aquí esperándote” claramente, había malinterpretado todas las señales y sólo éramos – hermanitos – sin embargo, la había pasado increíble, y si ese fuera mi único recuerdo de él, lo recordaría con muchísimo cariño.
Volví a Katy y los días ahí se pasaban lento, buscaba excusas para escribirle, pero no se me ocurrían tantas. Hablamos de la persona que me gustaba, de lo sola que me sentía, hablamos de su vida en ese momento, y sus sentimientos hacia otra persona. Recuerdo contarle mis días e incluso compartimos ciertas fotos simplemente siendo.
Unas semanas después estaba en Houston, respondí a su Estado de manera exaltada y fui a verlo, la verdad no tenía nada que hacer y siempre me ha encantado compartir mis domingos, preparaba mi viaje para Utah y quería verle, volvernos a encontrar, volverlo a abrazar, volverme a reír.
Nos vimos en un McDonald’s y recuerdo que yo no dejaba de decir cosas sin sentido, creo que estaba bromeando, pero había algo de cierto en todo lo que decía o insinuaba. “Lo más bonito que me dejó Panamá City”, siento que esa noche empezó el primer día de nuestra historia y escribiendo esto, no sé qué tan lista estoy para escribir nuestro último día.
Volví al otro día a mi casa, y recuerdo dormir, por primera vez en dos días, no sabía lo que pasaba, no tenía idea de lo que sería mi vida, pero quería que siguiera en ella. El miércoles de esa semana, a primera hora de la mañana Diego me recogió en mi casa para llevarme al aeropuerto. Finalmente me iba a Utah, pasamos el camino conversando de todo, su última relación y porqué había terminado. Mi última relación y porqué quería salir corriendo. Hoy en día no sé qué parte de lo que dijimos ahí fue cierto, pero sé que nuestros planes ya eran distintos.
Aprendí lo que es irte, aun cuando no quieres, porque nadie te pide que te quedes.
Utah fue completamente distinto, no estaba sola sino rodeada de personas que amo y formaban parte de mi vida, me sentía feliz y en familia. Siempre volvemos a los lugares donde fuimos felices, y siempre he pensado que las personas son lugares. Estaba haciendo lo que podía mientras estaba aquí, pero la situación económica también era algo por lo cual me veía sumamente afectada, es difícil empezar, pero es más difícil cuando estas constantemente moviéndote de sitio. Mis días pasaban rodeada de gente que amaba y amigos que me hacían reír, el Estado como tal, no es uno de mis favoritos, pero debo admitir que el frío tiene su encanto y cuando estás con la gente que amas ¿realmente importa donde estás?
Diego comenzó a calarse en mi vida como nadie de momento lo había hecho, ahora las excusas para escribirnos eran de su parte y las videollamadas eran algo constante, recuerdo decirle una vez “no es necesario que me llames” y el insistía en que quería escuchar mi voz.
Cómo cambian las cosas en el lapso de un año. No sé a ciencia cierta, y quizá nunca sabré qué pasaba en el momento por su cabeza, me gustaba tener alguien con quien hablar, pero también me gustaba saber que estaba haciendo mi vida. Constantemente le decía que fuera a visitarme, pero Utah era un lugar demasiado frío para él y mis invitaciones eran sin duda platónicas, jamás esperé que volviéramos a vernos. Pensé que haríamos nuestra vida en dos Estados diferentes y no seríamos más que ocasionalmente una llamada telefónica. Había una nueva propuesta de trabajo para el en California, y lo tomé como proyecto y como propuesta, también dije al salir de Texas que quería ir a California, y sería el lugar perfecto para volver a encontrarnos, o eso pensaba.
California, sonaba prometedor. Planeó todo para su nuevo trabajo y sin embargo no se daba, y a mí en la primera oportunidad que me presentaron para irme decidí hacerlo, ahora quien iba a California era yo, y el seguía en algún lugar entre Florida y Texas.