Después de meses sin entrar en Mi Rincón me he visto obligada a hacerlo hoy. El culpable de ello ha sido este verano. Lo cierto es que no estoy nada inspirada, pero sé que el mejor momento para mí si quiero escribir es por la noche, y hoy todos hemos vuelto a casa «pronto», con lo cual tengo unas horas nocturnas por delante. A pesar de que no me apetezca ahora mismo resumir estos tres meses, quiero hacerlo y que estos queden grabados en otro sitio a parte de en mis recuerdos. Antes de nada habría que poner al día todo, ya que han pasado varias cosillas en estos 6 meses.
Empecemos por junio. Selectividad, de una santa vez. Tres años tarde, pero por fin llegaba. Fueron semanas de encerrarme en la biblioteca día sí y día también. Tuve algo de suerte, pues iba acompañada de personas de clase que amenizaban bastante la tarea y servían para compartir nervios y estrés. Además, dos personas más vinieron los últimos días a hacerme compañía. –Casualmente, ya han sido mencionadas una sola vez antes en este blog, y muy de pasada. Ahora que lo pienso, Géminis sigue pareciéndome un buen mote para él; sin embargo, La Cambiada no del todo… Podría tener uno que se adaptara mejor a lo que ella es; pero es algo que ahora también pienso sobre el pseudónimo de Ojos Curiosos, también. Aún así, tienen su por qué, así que será mejor no tocarlos-. Como iba diciendo, Géminis y La Cambiada también debían estudiar, y nuestra rutina era ir a la biblioteca y luego salir al Chino, donde nos juntábamos con Ojos Curiosos. En una de aquellas tardes en que Géminis y yo estábamos en la biblioteca, salimos a fumar. Él comenzó a hablarme sobre algo relacionado con su relación de pareja que en aquel momento tenía (o eso pensaba yo, y todos) con La Principal. Me resultaba rara la forma en que estaba hablando de ello, hasta que al final supe que esta relación había acabado desde hacía algún tiempo. Mi incredulidad era tal que ahora mismo ni recuerdo lo que dije. Siendo Géminis me sentí algo mal por saber que ninguno de nosotros pudimos estar en los que fuesen los peores momentos para él, pero fue él mismo quien decidió no contarlo en su momento. Por lo menos, parecía que en aquellos instantes estaba bien, aunque yo suponía que aquella tormenta no podía pasar tan rápido (y no me equivocaba). No tardaron mucho en enterarse los demás. Pero no podía distraerme de mi principal objetivo en aquellos días: sacar la nota necesaria en selectividad. Esos tres días de exámenes pasaron increíblemente rápido y acabar fue toda una liberación. El día en que sabría la nota desperté justo a las 7 de la mañana, pudiendo entrar a la web y, después de un pequeño susto, supe que lo había conseguido. Ese 10,264 creo que difícilmente lo olvidaré. Días después supe que me habían admitido en la Autónoma, en la ansiada psicología. Realmente, todo me había salido demasiado bien para lo que llevaba haciendo en todo el curso y, también, en selectividad (a mi parecer); pero no era momento de plantearse si era justo o no, ni mucho menos. Había llegado tres años tarde, ese ya es suficiente «castigo».

Y aquí empezaba el verdadero verano, en julio. Olvidándome de notas y demás, llegaba el momento de salir y aburrirme las horas que pasaba en casa. Ocurrió algo que cambiaría un poco el curso del verano, y creo que algo de «culpa» la tenemos Ojos Curiosos y yo. De alguna manera provocamos que La Cambiada y Géminis empezaran una… un… no se sabe qué. Según ellos nada, un lío o ni eso. El caso es que su comportamiento era como el de dos novios. Él se notaba que estaba bastante cómodo, y ella también, en un principio. Parecía que los únicos que lo veíamos raro éramos nosotros… Los primeros días de julio los pasamos los cuatro saliendo por las noches al Chino e inagurando las grandes partidas de mus, en las que Ojos Curiosos y yo ganábamos por goleada. No se nos da nada mal; compenetración y algo de suerte, supongo. Pero fueron quince días haciendo eso una y otra vez… Me puede gustar mucho algo pero también es cierto que suelo cansarme rápido si se vuelve una rutina demasiado rígida. Estaba deseando que llegara aquel 16 de agosto en que nos iríamos de campamento con… La Desconexión. –Se podrían preguntar qué pinto yo ahí, y una pequeña parte de mí también lo pensaba. Era algo de Ojos Curiosos, pero que él me contase tantas y tantas cosas de lo que allí pasaba hizo que poco a poco fuera creciendo mi deseo de vivirlo en algún momento, y más después de aquella visita que les hice en el campamento del verano pasado. Que además Ojos Curiosos me ofreciera poder vivir la experiencia, hizo que no me lo pensase dos veces-. Ese día llegó y marchamos a El Atazar. No iba a experimentar un verdadero campamento, pero habiendo vivido lo que viví, no cambiaría esos 15 días por nada. Dormir al raso, el momento «llama a la policía», las charlas nocturnas vigilando, el GR, los «buenas noches», los Sinsajo, las risas, los madrugones, las noches en la piscina, la escapada a las casas ruinosas, David y sus hazañas, Esclavita, Sapito, escribir una de las historias, ganar a veteranos del mus, ver a Ojos Curiosos emocionarse… Y muchos momentos que me cuesta describir con palabras. Recuerdo que el día de volver a casa aguanté las lágrimas como pude, hasta el momento en que entré por última vez a nuestra habitación y cogí el macuto para meterlo al autobús. Tuve que sentarme en mi cama y, mientras miraba por la ventana, intentar dejar de llorar. Subí al autobús ya calmada, pero una vez allí tuve que volver a hacerlo. No quería volver a la normalidad, a la rutina que se había creado los primeros días de julio, a no verles cada mañana… Cuánto agradezco la oportunidad que me ofreció de ir.

Agosto llegó, demasiado rápido para mi gusto. Esos primeros días volvieron a ser algo rutinarios, los pasábamos casi siempre en casa de Géminis. Echaba tanto de menos El Atazar… La Cambiada se fue de viaje, y la casa de Ojos Curiosos quedó sola. Esos días no estuvieron nada mal, hicimos batidos de Oreo, hubo momentazos en la piscina, hicimos un pequeño videoclip, dormimos, bebimos mojitos, vimos pelis, hicimos fiesta con La Desconexión… Fueron unos días que recuerdo con especial cariño, los envolvía un cúmulo de momentos que me provocaron muy buenas sensaciones. Pero la rutina volvió a apoderarse un poco de nosotros cuatro, aunque no era demasiado problema; en pocos días volvíamos a Judes. Yo estaba algo preocupada, pues Mi Pelirroja había decidido irse del Grupo porque manifestó que se aburría y… ha querido cortar de forma bastante drástica. –Podría hablar de lo que me duele este hecho, pero ya estoy bastante nostálgica recordando todos estos momentos veraniegos como para darle mas vueltas a ese tema-. El caso es que Ojos Curiosos y yo habíamos reservado alojamiento cerca del pueblo en cuestión y teníamos muchas ganas de volver a ir. Me preocupaba que Mi Pelirroja estuviera demasiado esquiva (o algo peor) y eso influenciara en la gente por la que verdaderamente íbamos allí. Partimos a mediados de agosto para allá, con El Avión; fue un viaje muy agradable. La casa era casi perfecta, grande y solo para nosotros (menos una mañana horrosa en la que nos entraron instintos asesinos muy comprensibles). Teníamos otros cuatro días para estar nosotros, los de Judes y nadie más, lejos de la rutina veraniega que reinaba en nuestra zona. Todos nos acogieron de la mejor forma que se podía esperar y Mi Pelirroja parecía más o menos normal. Las noches allí fueron increíbles, charlando, quedándonos sin voz al cantar, saltando, gritando, bebiendo, bailando… y al volver podíamos tomar aquellas conchitas con colacao antes de acostarnos. Ver otra vez a Gordon, a la familia más buena que existe, a… todos. Fue increíble. La única pega de aquel viaje fue mi percance del último día. Empecé a encontrarme mal y Ojos Curiosos me acercó al médico. Por sus comentarios no podía evitar reírme, a pesar de la situación, así que esos momentos no fueron tan malos como pudieron haber sido. Por suerte, en dos horas aquel malestar pasó y pudimos disfrutar de la última noche como nos merecíamos. Llegaba el momento de volver, aunque la despedida no me causó tanta tristeza como el año anterior; sé que podemos volver siempre que queramos porque Judes ya forma parte de nosotros, y Ojos Curiosos y yo también un poquito parte de él.

Estaba triste por volver, pero había un gran consuelo a la vista, el viaje a Alicante. Tres días después pudimos partir hacia la playa, el viaje que también llevábamos esperando todos para este verano. Ojos Curiosos, La Cambiada y yo fuimos por la mañana para aprovechar el día, a ritmo de Dropkick Murphys y los casi ronquidos de La Cambiada. Pasamos aquel día en la playa los tres con fotos y más fotos… Se podía respirar la alegría y emoción que sentíamos porque aquella semana acababa de empezar. Géminis, El Guardián y… Elsa llegaron; ya estábamos todos. Lo cierto es que la mayor parte del viaje fue por parejas, es decir, cada pareja hacía un poco su vida. Es algo que no me gustaba demasiado, por la idea que tengo yo de hacer un viaje con un grupo de amigos, aunque esté tu novio/a. Por ello, hubo mucha parte del tiempo que la pasamos cada pareja a solas; pero ni siquiera cambiaría eso del viaje, ya que este hecho también dio pie a momentazos con Ojos Curiosos, como las duchas, ciertas complicidades, la mariquita rosa, masajes, despertares, ataques de risa antes de dormir, jugar con las olas y la arena, ver programas rollo «Policías en Acción» hasta las tantas, bucear, bailoteos, aguantar la risa mientras escuchamos gemidos y muchos etcéteras. El Guardían y Elsa se fueron a los pocos días y los restantes los pasamos los cuatro ya habituales. La verdad es que con la marcha de la pareja, nosotros conseguimos apañarnos bastante mejor a la hora de la convivencia y lo pasamos igual de bien que cuando éramos seis personas. Hubo bastantes momentos memorables en este viaje y el recuerdo que tengo de él es increíble, tanto por los momentos compartidos con todos como los compartidos con Ojos Curiosos, cada uno con su sensación indescriptible… Conseguimos quedarnos un día más. Todos queríamos retrasar la vuelta, pues esta significaba el final del verano, la vuelta a la rutina, del frío… Aún a día de hoy, dos semanas después, siento que hay lagrimitas a las que le gustaría salir por la nostalgia que me da el recordar esas sensaciones allí vividas, igual que me pasa con el campamento con La Desconexión. Para mí, con la vuelta de Alicante se acabó el verano de 2015. Digo, sin dudar, que ha sido el mejor verano de mi vida. Solo espero que el que viene sea capaz de ser igual o, si es posible, superarse.

Ahora, es septiembre. Continuando con la narración, al volver siguió la rutina hasta día de hoy. Seguimos yendo al Chino, aunque ahora volvemos antes a casa porque ya han empezado las clases. Sí, he empezado ya la universidad y todo va según había previsto: con cierta gente de clase parece que podré tener una buena relación y, de momento, las asignaturas son aceptables. Estoy ilusionada, pero no tanto como supongo que debiera; el ver que todos los de mi alrededor acabarán seguramente este año no da pie a ello… Pero es algo en lo que no vale la pena ponerse a dar vueltas a estas alturas. Lo único que no sé es cómo voy a poder soportar el resto del curso con las pocas horas de sueño que tengo a mi disposición. A parte, este año viene cargadito: por fin he podido apuntarme a la autoescuela, en principio voy a acabar toda la temporada (ya la última, sí que sí) de gimnasia, seguir con CR y continuar con La Desconexión, cosa que me ilusiona bastante porque, además, estoy donde deseaba estar.
Me da miedo este invierno. Ya me parecían rutina los planes del verano, ¿y si en invierno La Guarida no está tan disponible? Además, el tema de Géminis y La Cambiada aún no sabemos cómo va a acabar, es una situación algo complicada. Por ello es posible que Ojos Curiosos y yo tengamos que apañarnos para sacar planes adelante o hacer los nuestros a parte, que también es una buena opción. Menos mal que podemos normalmente contar con la disponibilidad y las ganas del otro, si no, salir de casa con ellos como grupo principal sería toda una incógnita la mayoría de los días. Me consuela saber que inminentemente hay planes previstos, como Pilares, y uno bastante lejano aún, pero espero que probable: Berlín.
Esta entrada ha sido demasiado descriptiva para mi gusto pero, aún así, hay tan poco descrito en comparación a todos los momentos increíbles que recuerdo de este verano… Debía plasmar de algún modo los hechos más importantes. Debía ser una entrada alegre, ya que son recuerdos extraordinarios, pero el tono nostálgico creo que es perfectamente notable en cada línea de esta memoria de verano. Por muchos más veranos y momentos que te hagan sentir eso.
Verano, verano; alegría, alegría.