¡¡Hola a todoss!!
¿Como estáis?
Yo muy bien, pensando en los pocos días que me quedan para coger vacaciones de navidad (concretamente 3 días) uhhh!! 🙂
Bueno, viendo que llego otra vez tarde a la entrada semanal, publicando hoy domingo en vez de viernes como hacía siempre (cuando tenía tiempo en Inglaterra), voy a cambiarlo a los domingos y así se que lo cumpliré ya que tendré todo el finde y podré hacerlo bien y no deprisa y corriendo.
Hoy vengo a hablar de la nieve, esa que tanto emociona a los niños pequeños pero no tanto a los adultos y ahora os explicaré el por qué jejejej.
Bien, yo como bien sabéis los que me seguís por esta red, estuve viviendo durante 3 años y medio en Inglaterra, concretamente en Birmingham. Pues llegué allí un 6 de enero, vamos en pleno invierno y con un frío que pelaba. Habrían unos 4 grados más o menos. Pues para mí fue una diferencia muy grande ya que venía de Murcia con unos 12 grados más o menos y era una bajada de 8 grados menos en una separación de tiempo minima de 3 horas de avión.
Yo ya traía bastante ropa de invierno en la maleta, abrigos gruesos, bufandas, guantes, calcetines térmicos, camisetas interiores, incluso llevaba leggings debajo de los vaqueros ¡fíjate tú!
Pues yo la verdad es que no estoy acostumbrada a la nieve y menos a ver nevar. Si que he ido alguna vez a Sierra Nevada (Granada) a ver la nieve y a esquiar pero nevar nunca lo había visto antes.
Pues bien, mi primera vez fue en Inglaterra, me pareció super emocionante. Estaba con mis amigas au pairs dando un paseo por la ciudad (Stratford Upon Avon) sin rumbo y no queríamos recogernos ya que nos daba pereza volver a nuestras casas porque no teníamos ganas de estar con los niños en nuestro día libre.

Total que nos reíamos viéndonos a las diez y pico de la noche (hora tarde en Inglaterra un domingo cualquiera), sin ningún alma por la calle, solo nosotras dando vueltas y haciendo tiempo hablando de nuestras cosas. Cual fue nuestra sorpresa al ver caer los primeros copos de nieve, pues ya super ilusionadas «¡¡está nevandoooo!!, ¡¡está nevandoooo!!»

Bueno pues ya ahora si, volvimos cada una a su respectiva casa au pair.
Pues me acosté viendo unos pequeños copos caer desde la ventana, pues lo que ví a la mañana siguiente al despertar y abrir la cortina nunca lo olvidaré. Se me quedó la imagen grabada en la retina. Era una estampa super bonita, invernal y navideña, muy parecida a las películas con las casas de arquitectura singular Inglaterra. No sé, me impactó mucho.

Se que la foto no es para tanto, pero a mí me trae una serie de sensaciones y recuerdos al verla muy bonitos.
Bueno hasta aquí todo muy guay, nieve, paisajes blancos, guerras de bolas, hacer muñecos de nieve con los niños, jugar con los trineos, hacer fotos, vídeos y dar envidia a tu familia y amigos etc.



Lo malo es cuando se volvía rutinario y nevaba cada día. Pues ahí es cuando algunas veces cerraban los colegios y…¿ quien se tenía que quedar todo el santo día con los niños?? La au pair!!

También todas las mañanas ponte rasca que te rasca en el coche para quitar la nieve, pues depiertate media hora antes para prepararlo. Lo bueno es que los niños me ayudaban a quitarla y se lo pasaban pipa, aunque yo siempre estaba nerviosa por no llegar tarde al cole y por ver el aspecto de las carreteras (que por cierto, no tenia cadenas para la nieve)

Otro de los impedimentos de la nieve era al salir de marcha, no te podías poner tacones, tenías que ir con botas de nieve o de agua en mi caso y luego evidentemente en la discoteca no podías entrar de esa guisa. ¿Qué hacíamos las au pairs? Pues nos llevábamos una bolsa con tacones y nos cambiábamos antes de entrar y las botas de agua las dejábamos en el maletero de algún coche nuestro.


Otra de las cosas era que por culpa de la nieve muchas veces nos teníamos que quedar encerradas en casa. Créanme que es muy acogedor y bonito estar metida en casa, con la calefacción, tomando algo calentito y viendo una peli viendo como nieva fuera, vale, eso es muy bonito y un plan muy acogedor pero cuando es en TU CASA , no cuando estás en una casa forastera con tres niños diabólicos y con una familia que no te integra en su circulo familiar. Así que yo lo odiaba y siempre intentaba convencer a alguna amiga au pair en la misma situación que yo, para escapar y meternos aunque fuera a una cafetería y refugiarnos allí las dos compartiendo experiencias.

Bueno, eso fue en el invierno de 2013, un invierno bastante duro con -4 grados bajo cero, mucha nieve y mucho mucho frío.




Los demás inviernos, 2014 y 2015, si que es verdad que fueron más suaves. Nevó también pero días sueltos y no constante.
A ver este invierno 2016 como va…. aunque yo por suerte o por desgracia no lo veré jejeje.
¡Hasta el próximo finde!
¡¡Un besito!!
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