Hierático y algo avinagrado, reía por dentro en mudas carcajadas que hacían retumbar las bóvedas del alma, y besaba por dentro con labios clandestinos y jugosos, y bendecía con su mirar esos manojos de limpias palabras que, llegados de lejos, le llegaban muy adentro. Y se moría de ganas por dentro, y si le hubieran dejado, se hubiera tirado dentro de aquella ventana de luz sin que nadie se hubiera dado cuenta de que se estaba ahogando por dentro. A renglón seguido, y para disimular, cantó por dentro melodiosos danzones que hablaban de añoranzas de un mar tan cercano como imposible, y al final de la tarde, como prueba evidente de que no sólo es el ártico el que se derrite, voló por dentro como vuelan aquellos que, a lomo de peculiares alfombras mágicas, se afanan en la urdimbre de la esperanza y la necesidad. Ni que decir tiene que murió soñando…también por dentro.
***
Solía sentir calor en la cara y frío en los pies, y sus sentidos conformaban una suerte de caleidoscopio peculiar a través del cual se apropiaba del mundo, especialmente de aquella parte del mundo que tenía la peculiaridad de ser comestible. También sabía amar, y su forma de amar tenía que ver con revuelos de estrellas multicolores y ataques de lucidez repentina que sólo ella entendía. Mezcla de ambos saberes, aprendió a hacer hasta 28 salsas de pescado distintas, una por cada día de aquel mes de febrero en el cual le abrió las puertas de su skype, que es como decir que le abrió las puertas de su mundo.
***
Mezcla de locura y remedio, deambula de una penumbra a otra meciendo cajas, cenando almas que luego almacena, y ofreciendo cobijo a cada instante malherido que se acerca a sus pantorrillas, antes de que empeoren y acaben convertidos en tiernos espasmos de tiempos muertos. No más encrucijadas por hoy. La risa del herrero y los sueños de un jardinero imposible alzan su vuelo. En cada recoveco de materia necesaria, suena el viber.
***
Una tarde olvidó su nombre de usuario. Semanas después, relegó la contraseña en algún lugar remoto de la memoria de forma que no pudo dar con ella y se quedó sin poder acceder a sí mismo durante el resto del día. Al principio, como podrán imaginarse, se preocupó muchísimo, pero conforme fueron pasando las horas se tranquilizó pensando que, bien mirado, tampoco se vivía tan mal fuera de la nube. Al fin y al cabo, seguía conservando la clave del misterio, la combinación exacta que le permitía seguir deseando aquello que ya poseía, y eso bastaba.
***
Pixelados con restos de barro y hierbas, y envueltos en una especie de neblina dulcemente desvergonzada, se mostraron el uno al otro sin más testigos que un cielo neutro y densamente aborregado. Hechas las presentaciones, se amaron sin palabras, como poseídos por un silencio que lo envolvía todo y que, prolongado más allá de lo razonable, adquiría un nuevo significado.
***
Tenía una fantasía tan alejada de todo lo natural, y era capaz de crear en sus labios una sonrisa tan bella y tan inocente, que el pasmo cundía entre aquellos corazones sensibles que tenían la suerte de compartir con ella diez minutos de su existencia. Bien es cierto que su sistema lógico dejaba mucho que desear y que las contradicciones de sus breves discursos se multiplicaban dibujando órbitas elípticas entorno a una cabeza, la suya, que aparecía a todos los efectos como centro de todo el universo conocido. Por las noches padecía conflagraciones de sueños y colores que la sumían en una especie de insomnio permanente y profundo. Nadie sabe por qué, sufrió en exceso de la malevolencia ajena.
©J.Gimbel G.
