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…quizá sea en los momentos más difíciles de nuestra vida cuando más receptivos seamos de las cosas bellas. Nuestros momentos de desaliento proporcionan al arte y a la arquitectura sus mejores oportunidades, ya que es entonces cuando nuestra necesidad de sus cualidades ideales aumenta. No son las criaturas de mente bien organizada y ordenada las que más se conmoverán al ver una habitación diáfana y vacía en la que la luz del sol baña un espacio generoso de hormigón y madera; tampoco será el hombre seguro de que sus asuntos están en orden el que se muera por vivir – y quizá derrame una lágrima – bajo los techos de una casa de Robert Adam.

Alain de Botton, en La arquitectura de la felicidad

Un propósito…

Qué difícil es amar con dudas.

Siempre imaginé que el querer eran cuestiones absolutas, que no cabrían las medias tintas al reconocer el rostro amado, que los besos siempre serían sinceros y que los días querrían ser ofrendas entregadas a la razón de tu ser.

Sin embargo me encontré abrazado a un calor, entregado a un cuerpo por el simple hecho de no estar solo, disfrutando de tu placer, sintiendo oleadas de reconocimiento, sintiéndome útil en la medida en que conseguía hacerte feliz. Sumido en la vorágine de atardeceres, noches, sábanas y amaneceres lubricados con alcohol me dejaba guiar por la mano ajena del devenir, sin cavilar, riéndome niño, disfrutando y sintiéndome culpable al tiempo. Un regalo por nada, premios recogidos tras una gran interpretación. Por fin protagonista. Falso. Fondos corrompidos, reflejos de algo que me gustaría ser para alguien que no fueras tú.

No diré que no recordaré tu compañía con agrado. Fueron momentos vividos al abandono, al quizás y a los rostros de otras épocas. Mientras tú reconocías en mi sonrisa tus sueños, yo vivía en tus labios promesas de otros tiempos, probaba la saliva que lubricaría las lenguas de mis anhelos. Por un momento creí que podía incluso engañarme a mí mismo y sucumbir al conformismo, a las sonrisas cómplices trucadas con antelación, a las bromas de segunda mano, a los gemidos enloquecidos en pos de una idea y no de unos ojos. Pero fue precisamente mirando en el fondo de esas pupilas tuyas cuando un rostro, el mío, se vió a sí mismo henchido de egoísmo.

Fue una historia bella al igual que cruel. Como aquella novela barata escrita por y para su final. El fin resultó el origen de la historia; ambos sabíamos hacia dónde nos dirigíamos, y seguimos a pesar de ello escribiendo, encadenando una palabra detrás de otra, convirtiendo las horas en días, los días en meses y qué se yo; el tiempo no corre igual para los que viajan montados en este tren, pequeña. Así que paren, yo me bajo aquí.

Estando solo me siento más sincero.

Perlas Cultivadas III

Lo sabe todo, absolutamente todo. Figúrense lo tonto que será.

Miguel de Unamuno

(1864-1936)

Tardes de socorrismo

Bueno, no son precisamente para un museo pero peor es una pedrada en el ojo ¿No?

Bert, en Mary Poppins

Un dolor de cabeza

Hoy me dije, mientras esperaba en el aeopuerto, demonios, cuántas cosas de las que hablar.

Podría ponerme a escribir sobre lo que me indignan los indignados y seguir por la mezquina clase política que se dedica a dar bandazos cuando debería dirigir (eso sí que sería una utopía y no el anarquismo). Pero por no reincidir en la llaga nuestra de cada día, podría repartir estopa a Relaño, ese gordo «friki» que parece no haber hecho deporte en su vida y que se dedica a sentar cátedra desde su artículo del AS. De paso comentaría la persecución que sufre mi querido Real Madrid por alto, guapo y rico. Eso me recuerda a los popularísimos «deportes Cuatro», el show estúpido y sesgado amenizado por los dos payasos de turno. Tela. Ahí sí que tendría yo tela que cortar. Porque tirando del hilo de los «deportes Cuatro» empezaría a hablar de las televisiones y la bipolaridad según pulse los numeritos, o de los programas idiotunos de los que salen como si de un pozo sin fondo se tratara infinitud de personajes que constituyen el ejemplo de lo que no se debe ser, o de…de mil y un conejos que salen de la caja mágica día tras día. ¡La tele! Buf, demasiado pretencioso, sería un tema de nunca acabar.

Asi que me digo, ¡céntrate! (aunque la palabreja hoy en esta España de mi corazón y mis desvelos suene franquista para unos y traicionera para otros), y me dispongo a hablar de la educación. ¡Qué revuelo! Hace poco leía a Almudena Grandes ( y cito textualmente, no como les gusta a los de los dichosos periódicos deportivos, en los que las comillas casi señalan la falsedad en rojo)

Yo, sin embargo, creo firmemente que una escuela pública igualitaria, gratuita, laica, interclasista y de calidad, constituye el primer peldaño de la civilización y el único modelo a escala de una auténtica sociedad democrática. Solo por eso, la habría escogido, pero la calidad de la enseñanza también cuenta. En los colegios privados y concertados suelen enseñar, como norma general, docentes que no han logrado entrar por oposición en la escuela pública

Soy carne de concertado, vaya, y hasta estudié la mayor parte de mi vida en un colegio de (¡demonios!) monjas, asi que por alusiones, el dichoso artículo me dejó pensando. Me acordé de mis profesores, y si bien siempre uno odiaba al tiratizas de turno, cuando terminé aquella etapa no pude más que albergar agradecimiento y buenos recuerdos. No estuvo tan mal joder. Los docentes de los que habla la señora Grandes deben de ser la repera comparados con mis segundones. El caso es que esa gente (y la vida)  me enseñó a cuestionarme las cosas, por inamovibles que parecieran, y a razonar, y razonando pienso cositas…¿Igualitaria? ¿Que nos iguala? ¿En qué? ¿En derechos? ¿En facilidad de acceso? ¿En lavado de cerebros? Uy uy uy terreno fangoso. Detrás de una escuela siempre hay un gestor, privado o público, o algo así ¿no? Y si fuéramos serios en este país, quizás respetaríamos la independencia de la educación con respecto del poder político de turno. Pero esto es España, y yo, visto lo visto, no me fío un pelo. Prefiero competencia y elección, a obligación y devoción. Y entiéndamese, la devoción aún siendo de carácter místico puede tener por objeto los más dispares (y laicos) cosos. Pero en fin. Sí, la educación es el quid de la cuestión, al menos en eso estoy deacuerdo. Hay mucho analfabestia suelto.

El artículo, que por cierto se llama «Mentira podrida», por si a alguien le hace, acababa aludiendo al modelo franquista y no sé qué gaitas. ¡Premio! ¡Otro extensísimo tema del que hablar! ¡Las dos Españas! ¡El olvido! ¡El Estatut! Pero si hasta podría liarme con Bildu…Ah no, esto adquiere tintes dramáticos (¿dije políticos? eso quería decir) y no es plan de monotemizarme.

Seguí devanándome los sesos y más y más temás acudían a mi mente: universidad pública versus privada (en mi paladar ambos sabores se han mezclado), el arte y las chorradas (a menudo se confunden..pero…¿cuándo? ¿Quién delimita la frontera?), los becarios, los voluntarios y los salvavidas (cadenas) de los contratos, el último libro que leí, el próximo que debería de leer, los amigos  y los noamigosperotiposcercanosdelosquenrealidadnoséunamierda, de la lealtad, de la generación de las medias tintas (la mía he de decir)…

No sabía por dónde empezar, y menos con cierta tensión que empezaba a martillear mis sienes. Suspiré y levanté la mirada, buscando consuelo en la realidad, esa de carne y hueso, asfalto y ceños fruncidos. Encontré unos ojos saltarines, abiertos como platos, sorprendidos pero vivaces en su reconocimento. Pertenecían a una esbelta jovencita de melena alborotada y mochilón aventurero. Su ropa y calzado hablaban de una mala elección para salir del avión, pero su caminar resuelto y la expresión divertida de su rostro transmitían hambre de expriencias  y ganas de vivir. Pasó de largo sin reparar en mí, y me dejó pensando en que se dirigía hacia su futuro de la manera en la que todos deberíamos de afrontar nuestro tedioso día a día.

Al momento me sobresalté, cayendo en la cuenta de que aquella chica había borrado de un plumazo todo aquello de lo que iba a hablar, y se había llevado con ella el dolor de cabeza.

Arturo Garrido Galán 2011

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Recuerdos

Hoy, por casualidad, me acordé de ti, niña de ojos sonrientes.

Hoy, como muchos otros días, he sentido todo aquello que nunca hicimos como un susurro hiriente en mi nuca.

Pero, a pesar de todo, niña, me enseñaste a ser feliz.

Gracias.

 

Un café ciego

Hay una ciega delante de mí. Está desayunando con su marido, ambos callados. Él lee el periódico con pausa y ella juguetea con el café, removiéndolo despacio. Está de espaldas a mí, pero veo sus dedos finos, delicados, bellos. El bastón blanco que guía sus pasos a través de leves caricias ahora descansa callado a su lado.

Me pregunto cómo será su día a día por un breve instante tan solo. Entonces se levanta y al girar la cabeza su larga y cuidada melena castaña descubre un rostro maduro pero aún tocado por la gracia del atractivo. Sus rasgos son armoniosos, como el resto de su cuerpo. Camina erguida, digna, rozando con su bastón las sillas del bar, construyendo un camino sonoro hasta los servicios.

Por alguna extraña razón me siento conmovido y a la vez atrapado por la visión de esa mujer, que, precisamente, es incapaz de ver. Pienso, imagino, que una mujer así podría estar si quisiera con cualquier hombre. Pero no cualquiera podría estar con ella. Esa imposibilidad no está motivada por su ceguera ni por su indudable belleza. Ella ha contemplado infiernos oscuros, o quién sabe si de un deslumbrante y sobrecogedor blanco. Ha aprendido a moverse por un mundo de sensaciones construidas dentro de sí con referencias desconocidas para la mayoría. El caminar de sus pies es más resuelto que el del resto; no requieren sus pasos ver, sino creer. Su tacto es infinitamente más sabio que nuestros ansiosos y apresurados dedos de hombre, y sus labios no sólo besan, te han de mirar también.

Oigo de nuevo el tic-tac de su bastón, y mientras se acerca  a su mesa distingo casi físicamente todo eso que la conforma y diferencia de todas las demás. Bebo un sorbo de mi café. Está ya frío y ha dejado de saber a mañana. Me dispongo a pagar y pienso en cómo sería ser ciego. Inmediatamente después pienso que debería pensar menos.

A.G.G.

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Febrero 2011

En los ojos de los viejos y de las despedidas brilla el orgullo y la nostalgia por las historias que ya solo contempla la memoria.

A. G. G. 2011


Lotion

¿Y? Hoy tocaba música distinta. Es una pena que la canción no vaya in crescendo. El ritmo está continuamente llamando para un guitarreo salvaje.

Hablar por hablar

Cildo Meireles, Proyecto Coca-Cola (1970)

-Y qué si eso es arte. A mí no me lo parece.

– Vamos a ver. ¿Dices que no es arte por qué? Has de comprender al artista, cómo era su situación , la época en la que vive, el discurso que sigue a lo largo de su carrera y el lugar que ocupa esta obra en ese recorrido, el lenguaje en el que se basa para representar su…

-Pamplinas. Perdona, es cierto, podría ser que sabiendo esas choporrocientas cosas le encuentre un sentido al zurullo ese, es probable que hasta mueva algo en mí. O no. Joder, lo que quiero decir es que creo que algo merece la pena cuendo nos conmueve sin necesidad de ser explicado. Cuando la fibra que toca no está relacionada con la lógica, con la mente, con lo conceptual. Es cierto que puede haber de eso pero de ahí a que sea lo fundamental…

-Uhm…¿como la naturaleza?

-¿Qué? Bueno sí, en cierto sentido sí. Cualquier ser humano (habrá excepciones joder, tú ya me entiendes) presencia una cascada, una enorme caída de agua, con ese estruendo, ese espectáculo tan real pero a la vez tan evocador…y se emociona. En mayor o menor medida algo dentro de nosotros se mueve.

-Creo que sé a lo que te refieres. Lo común de todos nosotros. Aunque sabe Dios qué cojones es eso. Pero…eso es una visión un tanto…espiritual. A veces el arte con sólo mirarse a sí misma genera una obra lógica, una nueva vuelta de tuerca a su lenguaje. Como las vanguardias, como con el urinario,…se que a un aborigen del África profunda se la traerá al pairo la descontextualización, las burlas al sistema establecido y todo eso. No sé si me explico.

-No del todo.

-Quiero decir que en ninguna parte se dice que el Arte ha de hablar de algo que supere al hombre, de algún modo ajeno a él. Es generado por su mano, y al fin y al cabo de lo que tiene que hablar es de su autor. Sería como pretender que de un limonero ha de surgir el concepto del limón, todo lo que sugiere, su espíritu, su reflejo en el infinito.

-Se te ha ido con lo del limón espiritual. Normal que te guste el arte contemporáneo.

-Ha sido una solemne tontería. Es probable. Quiero decir que de lo real sólo puede surgir el reflejo de lo real, y no hemos de extrañarnos por ello o pretender otra cosa.

-¡Discrepo! ¿Qué es lo que hace grande al hombre?

-¿Al hombre? Pues medir más de dos metros.

-Ya salió el de lo real. Hoy pagas tú el café, con tu sucio y tangible dinero.

-Sí, no creo que acepten tarjetas de espiritualidad en este sitio.

-¡Sabes a lo que me refiero! No te hagas el tonto. Lo que hace grande al hombre es la búsqueda de lo imposible. La pretensión de lo futuro, sus ansias de llegar más alto. Valores como la nobleza, el valor, la honestidad…son probablemente inalcanzables, somos humanos y por tanto falibles, caeremos, nunca alcanzaremos la perfección. ¡Pero no es necesaria! Lo que es necesario es su búsqueda. Y volviendo al arte…aunque parezca hallarse fuera de lo real, hay que pretender algo que trascienda, no limitarse y conformarse con plasmar con juegos formales de modos más o menos acertados la realidad.

-Dios acabarás por calentarme la cabeza con tus ideas inflamadas de proyectos irrealizables. ¡Ni tú has producido nada que se acerque a eso que predicas!

-Ey, sin faltar. Ya te dije que soy humano. Pero sé que la grandeza está en el camino y en errar, y ahí la busco con ahínco.

-Idiota. Así te va con las mujeres.

-Touché. ¿Me invitas a otro café? Que pongan un chorrito de ron a cuenta del vil metal de tu bolsillo.

-Lo dicho. Morirás pobre.

-Pero no pobre de espíritu.

-Pobre e idiota.

Los dos rieron cómplices mientras pedían la siguiente ronda.

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Sobre un proyecto

Esa luz entrante es pornográfica, y a veces conviene ser erótico.

Jose María, en alguna mesa perdida de la cafetería

 

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