Reencarnación en polvo

Por Bruno Timarchi. Hasta mis últimos días, la saliva de mis fétidas entrañas cubrió los pasillos de toda biblioteca. El deseo lapidante de capturar en mis pupilas la última palabra dominó mi vida.

La grieta

Por Angie Odar. Nadie notó la grieta en la taza hasta que comenzó a cantar. No era un sonido alto: apenas un susurro, como un temblor de aire, como cuando la memoria se despierta sin permiso.

Apocatástasis

Por Bruno Vagner. Orígenes, en secreto, solía desear el vientre de fuego que tenían las hijas del Adversario. Nunca sintió aquello que él percibía como la brasa encendida del amor como algo prohibido o maligno.

Se acabó

Por Gian Marco Paredes. Las ventanas estaban abiertas. Las huellas simbolizaban la energía pasada. Una luz blanca y homogénea, junto a un silencio humano, reinaban en este campo de batalla.

Ya no, dolor

Por Celeste Velásquez. Ya no te extraño, pero cómo doliste. Fuiste las noches eternas cargadas de lágrimas; las desventuras disfrazadas de sonrisas fugaces...

El hombre con pasaporte vencido

Por Jill Rosas. A Eduardo lo conocí a través de las esquelas de los diarios, donde el titular decía: “Busca amigos por carta”. En su anuncio escribía: “Llevo años solo, busco relación a largo plazo. Soy un hombre fiel y amoroso”.

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