Recuerdo hace algunos años, con la Venezuela de Chávez, un escritor euskaldún se rió de mí cuando le hablé del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Me dijo con sorna que la lucha de los indígenas zapatistas no servía para nada, que había que seguir la revolución bolivariana, que los zapatistas sólo hablaban bonito pero nada más. El otro día volví a leer a este mismo escritor, pontificando sobre algunas otras cuitas, explicando qué es bueno y qué es malo, quién es buen luchador y quién no, sin remordimiento alguno por las palabras vertidas con alegría años atrás…
Han pasado 25 años desde que los hombres y mujeres zapatistas se alzaran en armas contra el mal gobierno, y ahí siguen, con su lucha autónoma, con sus palabras bonitas, sembrando de dignidad sus semillas en estas tierras de monocultivo neoliberal.
Y yo recuerdo a esos niños y niñas que conocí entonces en aquellas zonas selváticas de la Selva Lacandona, en los Altos de Chiapas, en Altamirano, en Roberto Barrios, en El Calvario, en Roberto Barrios, en Ocosingo, en Ibarra… Y pienso que ya tendrán 25 años más, los que hayan logrado sobrevivir, y que ya tendrán sus familias, sus milpas, sus cosechas de café. Y que seguirán cubriéndose la cara con el pasamontañas o el paliacate rojo.
Es a ellos a quienes quiero dedicar estas primeras palabras del 2019. Y pedirles disculpas por mi largo silencio, porque, sabéis, amigos, la vida aquí también ha estado y sigue estando jodida. Espero de corazón volver a encontrarme algún día con ustedes. Porque como decía el subcomandante Marcos:
No morirá la flor de la palabra,
podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy,
pero la palabra que vino desde fondo de la historia y de la tierra
ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder.
Nosotros nacimos de la noche.
en ella vivimos, moriremos en ella.
Pero la luz será mañana para los más,
para todos aquellos que hoy lloran la noche,
para quienes se niega el día,
para quienes es regalo la muerte,
para quienes está prohibida la vida.
Para todos la luz. Para todos todo.
Para nosotros la alegre rebeldía,
para nosotros nada.
Aquí estamos somos la dignidad rebelde,
el corazón olvidado de la patria.