Nalguitas de bebé entalcadas en la pantalla de tu televisión. Un Golden Retriever cachorro dando brinquitos entre rollos de papel toilette en el piso de un baño. Un enorme oso marrón acurrucado en el colchón tomando una siesta. Es la técnica del uso de imágenes emotivas, buscando cautivarte y ponerte el corazón como una pasa, arrugado de tanta ternura junta ante tus ojos. No está mal, es lógico que no nos venderán un colchón mostrándonos a Mario Silva acostado durmiendo boca arriba sin camisa.
En otros escenarios se hace presente esta técnica; a veces sin intención alguna, otras no. A veces veremos esta intensidad sensacionalista, actuaciones impulsadas por enfermedades e infortunios de los cuales resulta conveniente sacar provecho. Es un arma desvergonzada y poco ética, pero infalible, y con efectos que causan una gran compasión y lástima que distorsionan el juicio por completo del que que es víctima de la trampa.
Es como en los concursos y realities gringos: cada participante tiene su momento de llanto, en el que confiesa a la cámara que su hermano tiene cáncer, su madre lo golpeaba de niño, su tío entraba a su cuarto en las noches y lo obligaba a soplarle la vela que sacaba del medio de sus pantalones; a veces también dirá que necesita ganar el concurso para pagar el centro de rehabilitación que necesita su padre alcohólico. (more…)




























