No hay tiempo para rendirse.

Andaba yo hoy, como últimamente desde hace algún tiempo, bastante ocupado y estresado, sin tiempo ni para mirar el correo, cuando he recordado una vieja canción que solía escuchar hace bastante tiempo. Llevaba todo el día queriendo escucharla de nuevo, después de tantos años sin hacerlo, y al fin la he escuchado.

Resulta paradójico que yo me haya estado quejando toda esta semana de la gran cantidad de trabajos que tengo que llevar a cabo pese a no tener tiempo para ello y, al mismo tiempo, haya estado deseando escuchar esta canción. Quizá no sea ironía la palabra, tal vez sea más acertado pensar en el inconsciente que ha aflorado para llamarme la atención y hacerme recordar que hay gente como Brenda. Gente bien jodida.

No entro aquí a debatir si Brenda y todas las personas que están en su situación pudieron o no hacer más por no caer en lo que cayeron, pues eso sería tema para otro post. Simplemente trato en esta entrada de volver a darme un toque de atención para dejar de quejarme y concentrarme en lo que tengo que hacer.

Brenda’s got a baby, Tupac

Como no tendré ocasión en revisar esto en un par de días, os dejo el link por si les da por anular el vídeo.

Vélez-Málaga, mi pueblo II.

Espero que os animéis a visitarnos. (Sí, hoy me ha dado por ponerme la boina y reivindicar la patria chica, pues, pese a estar llena de hijos de puta, hay buena gente en sus calles).

Vélez-Málaga ayer.

Vélez- Málaga hoy.

Quince canciones para la memoria.

Me pide mi querida Natalia que exponga las 15 canciones que más me han marcado en mi vida. Ponía como condición que tardase menos de 15 minutos en elegirlas –no sé si era suya la petición o si era un MEME de esos raros, que también circulan por Facebook-, lo cual doy mi palabra que he hecho. He tardado bastante más en extender el tema porque he querido resaltar los aspectos más notables para mí de mis canciones favoritas y lo que dicen a mis oídos cada vez que las oigo. Además, para que podáis curiosear a gusto, me he molestado en enlazar cada canción con sus respectivos vídeos en youtube. No se lo paso a nadie, el MEME digo, pero sí que me gustaría que compartieseis vuestras opiniones sobre éstas y otras canciones que queráis mencionar (a veces me siento como un gilipollas pidiéndoos que comentéis, nunca me hacéis caso; pero luego bien que me puteáis cuando no subo posts)

Nothing else matters, de Metallica. Es mi canción favorita por excelencia. Fue de las primeras canciones que me llamaron la atención y desde que era un mocoso no he dejado de escucharla a diaro. Hasta es de las pocas que me atrevo a cantar, xD. La melodía es sencilla, pero hipnótica; la letra es simple, pero infinita. “Nunca me interesó lo que dicen/ nunca me interesó los juegos que ellos juegan/ nunca me interesó lo que ellos hacen/ nunca me interesó lo que ellos saben”, ese “interesó” en el sentido de “importar” “preocupar”. Sin duda, la de “Esclavos” de Nach y ésta fueron las canciones cuyas letras más me marcaron y más contribuyeron a lo largo de los años a hacerme tal como soy.

Gangsta’s Paradise, de Coolio. Porque me parece uno de los mejores temas de rap de toda la historia, y la peli de la cual es la banda sonora, la mejor de su género. Injusticia, incultura, calles, drogas, muerte, esperanzas, sueños imposibles… y al final, la terrible pregunta ¿Por qué somos tan ciegos como para no ver que a los que herimos es a ti y a mí?

Ghetto Gospel, de Tupac. Para mí, esta obra póstuma supone, al igual que la de Coolio, otro de los mejores temas de rap de toda la historia. Base enérgica y bella, sample adecuado, y letra brutal en contenido y forma. Nuevamente el mundo de la calle, las pandillas, drogas, delirios de grandeza al empuñar un arma, injusticia, lucha individual, valor, coraje, muertes, errores, esperanza, rabia, impotencia, soledad, FE en uno mismo y en los demás. “Bebí de mis propias botellas”, frase que siempre intento tener muy presente. “Hay que conseguir la paz mundial, y hay que parar la guerra en las calles”. Ojalá ZP escuche esta canción antes de que dicha guerra sea irreversible.

Esclavos, de Nach. Porque me enseñó hace muchísimos años las contradicciones de una ideología que estuve muy cerca de abrazar. Gracias Nach. Cobardía, temor, Odio, reacción enfermiza, incomprensión, incultura, injusticia, todo ello en apenas cuatro minutos de excelentes rimas. Para mí, esta repulsión y odio al extraño existe además de los blancos con respecto a los negros, también de los negros con respecto a los blancos, y de los moros, de los sudamericanos, y de los gitanos… hasta de los chinos si me apuran. La incultura e indigencia intelectual no tiene color: habita allí donde no hay una educación eficiente y tolerante.

Nada es perfecto, de ZPU. La escuché miles de veces el par de meses que estuve postrado en la cama tras mi operación de rodillas. Primeras citas caóticas, amores que se materializan, proyectos imposibles al alcance de la mano, amigos verdadero a los que puedes llamar hermanos, pero que las circunstancias ponen al borde de la desaparición… en resumen: lucha, miedos, fuerza, esperanzas, errores superados, valentía, amistad, amor, coraje: cojones para afrontar la vida.

Still loving you, de Scorpions. Ésta, junto con la que sigue, un peligroso coctel lacrimógeno. Es la máxima expresión del amor desesperado, un grito desgarrado de amor hacia alguien que ya no quiere estar allí. Y sin embargo, se sigue amando.

Always somewhere, de Scorpions. Es que encima el muy hijo de puta canta bien y con sentimiento. Miles de veces la habré escuchado, y más de una lágrima asomó por mis ojos al hacerlo. “Te llamo y está comunicando”, que escena tan familiar y desagradable ¿verdad? “Una noche sin ti es un sueño perdido”, sin palabras.

El hombre de hielo, de Sober. Los vellos de punta, tantos años después de la primera vez que la escuché. “Ha llegado el día de saparar la razón del corazón” fue mi intención durante mucho tiempo, mi eterno propósito fallido; “No tengo tiempo para discusiones que me quiebran la voz”, fue mi lema y lo será cada vez que tenga una relación “fomal”, pero también cada vez que algún o alguna hija@ de put@ me toque las narices más de lo apropiado. “Quiero cerrar esta herida y volar”sublime.

One, de Metallica. Melodía que habla, letra que protesta y reivindica, y oyente que reflexiona ¿qué más se puede pedir? De camino, os recomiendo que veáis la peli que aparece en el videoclip y de la cual hicieron la letra: “Johnny got his gun” (“Johnny cogió su fusil”). Si pusiesen esa peli en los institutos (no en las escuelas), en cinco años tendríamos aprobadas varias leyes encaminadas a mejorar el tránsito inevitable hacia el mundo de los muertos a quienes así lo deseen sin ningún tipo de polémica innecesaria. Joder, que para eso es su vida.

Sentir, de Luz Casal. Por recordarme que en ocasiones somos algo para alguien,  por lo que dice, por cómo lo dice y porque la escucho cada vez que estoy a punto de encerrarme en mí mismo y mandarlo todo a tomar por el culo (como hoy). “Sentir que aún queda tiempo para intentarlo, para cambiar tu destino. Y tú, que vives tan ajeno, nunca ves más allá de un duro y largo invierno”, en ello estamos, intentando cambiar día a día mi propio destino ayudándome de “anchas miradas como la mar”. Gracias.

Elegiste perder, de Ángel López. Sería un hipócrita si lo obviase. Fue una canción –y un artista también- que me marcó demasiado durante una etapa muy obscura de mi vida como para olvidarlo. Me gusta cómo canta Ángel López y tiene varias canciones que me parecen antológicas, y ésta, sin duda, lo es. “Es hora de medir nuestras huellas”, ¿se puede decir más con menos palabras? Pocas personas son capaces –o somos- de decir esto cuando nos damos cuenta de que quien tenemos a nuestro lado hace tiempo que dejó de estar ahí y, por tanto, hay que ir levantando el vuelo. Es más, son menos personas aún las que son capaces de ver y aceptar el hecho de que su compañer@ ya no está ahí, pese a parecerlo. “Elegiste perder”, eso sí que es difícil decir a quien amamos. Ello implica la aceptación de que hay que dejar atrás esa relación, pero también implica algo más difícil de alcanzar: autovalorarnos.

Outside, de Staind. Os pongo la versión del concierto porque es la primera que escuché y la que más veces he escuchado: unas mil millones… Hay otras versiones en acústico y a capela, podéis buscarlas porque son muy recomendables.  Amor roto, desilusión, aceptación de una situación, reflexión por lo que fuimos y dejamos de ser. Nuevamente algo dificilísimo de hacer: desmitificar a esa persona a la que amamos para aceptar la realidad.

So far away, de Staind. Ya os la puse y expliqué someramente los motivos, pero merece la pena incidir al respecto. Una letra que siempre añoré sentir como mía –y, en cierto modo, sigue siendo así- hasta poder decir que es así como me siento, una melodía que levanta el ánimo hasta a pobres nostálgicos y pesimistas convencidos como un humilde servidor. Sueños, realidad, esfuerzo, lucha, evolución, fuerza, constancia. Una canción que nunca dejaré de escuchar.

Sym. Núm. 3 ‘’Poco Allegretto’’, de Brahms. Por ser la primera pieza de música clásica que escuché motu propio y porque tardé años en conseguirla después de aquellas primeras veces en las que conseguía escucharla después de robarle el casete a y el walkman a mi hermano mayor, pues ambas cosas eran suyas y yo casi no sabía ni cómo se usaban a la tierna edad de ¿8? Años. La sensación que siempre me produjo, y aún hoy sigue haciéndolo, es la de relajación, como si estuviese flotando para, de pronto, hacerme caer estrepitosamente y, cuando el suelo está ahí mismo… de nuevo me eleva a no sé dónde. Así varias veces y cada vez con más intensidad, hasta que al final llega el clímax y la euforia, para desvanecerse casi tan rápido como llegó. Entonces respiro, y me siento bien.

Concierto de Aranjuez, II Adagio, de Joaquín Rodrigo. Pese a que la descubrí hace relativamente poco tiempo, ha tenido la bondad de regalarme cientos de horas de inspiración. La solemnidad de sus notas, que narran la defunción de un recién nacido y el debate moral de su padre –el propio Joaquín Rodrigo-, a caballo entre el reproche a Dios y la aceptación de los designios del mismo, terminando por aceptar su infortunio, me llevan a un estado de concentración que suele alejar lo justo todos los temas que me acosan a la hora de escribir. Os pongo la interpretación de Don Narciso Yepes porque es la que mejor sale y porque es la que más me gusta, pero la de Don Paco de Lucía es considerada la mejor versión por todos los expertos. Para gustos, los colores.

Espero que lo hayáis disfrutado.

Todo llega a su fin…

Bueno, su juntan varios factores para que os ponga este vídeo. El primero es que tenía que subir un vídeo sí o sí, no sé, me apetecía poneros uno.

El segundo factor es que me preguntan por las quince canciones que más me han gustado a lo largo de mi vida. Dentro de esas quince ésta no figura, pero no figura porque era la número 16, y es por ello por lo cual os la pongo aquí.

El tercero, y más importante, es que a este blog, tal y como lo conocemos hasta hoy, le quedan pocos días de vida. No. No lo voy a cerrar,  lo estamos remodelando para merjorarlo -de eso ya hablamos aquí-, y por eso creo bastante acertada la letra de esta canción: «Todo llega a su fin», del mítico grupo Medina Azahara. No es que se ajuste como un guante a la mano, pero sí que en un 90 por ciento le viene perfecto. Y punto. xD

 

Creado para matar…

Como últimamente estamos tratando el tema de la lucha diaria a la que nos enfrentamos, y como ando ocupado escribiendo temas para cuando lleve a cabo la reforma del blog, os voy a dejar otro de los textos que incluí en «Nacido de mí«. Expuesto en forma de metáfora, denunciando el maltrato animal de cuatro hijos de puta cobardes, trato de hacer ver al lector la ruindad de quienes se aprovechan de la gente de buena voluntad, de la gente leal, aquí bajo la apariencia del maltratado perro de pelea. Quizá sea un texto duro, pero es que la vida es así.

Pobre perro de heridas lacerantes. No te sigas lamiendo la sangre y deja caer hasta la última gota, sintiendo cómo se te va la vida al estrellarse contra el suelo. No te lamentes por tu maldita suerte. Pues nada hiciste para evitar la dentellada del verdadero enemigo.

Tú, que todo lo diste por tu dueño; por una palmada en el lomo; por una caricia detrás de la oreja; por un hueso duro que roer; ahora sólo ves espaldas y cuellos erguidos que se giran decepcionados dejando atrás tu cadáver. Porque eso es lo que eres: la sombra de tu ayer, un simple despojo.

Aún no te lo explicas. No encuentras el por qué, y para eso te dedico estas palabras.

Verás. De pequeño, mientras tu madre te amantaba, te explicaron en tono solemne el sentido de palabras grandilocuentes. Palabras tales como valor, coraje, lealtad, orgullo, casta. Con ellas forjaste tus armas y, junto a tus afilados colmillos, creíste poder sortear los obstáculos del devenir. Lo que nadie te explicó fue el significado de la condición humana: su perfidia, sus envidias, sus odios, sus miedos, su crueldad, su cobardía. Ya ves, has dedicado tu noble condición a servir a tan infame ser. ¿Todavía te sorprende su ingratitud?

Ahora nada puedes hacer. Quizá desees dedicar tus últimos instantes de vida a arrepentirte de no haber jugado otras cartas. Pero ya sabes, esta vida es una partida de una sola mano en la que unos saben jugar mejor, otros peor, unos tienen cartas marcadas y otros, como tú, mi noble amigo, no entendieron las reglas del juego.

Estabas convencido de que tu dueño daría la vida por ti como tú por él. Jamás sospechaste que cuando tú dormías a la intemperie, él soñaba plácidamente entre sábanas de seda. Cuando comías de su mano, siempre creíste que se quitaba la comida de la boca para dártela a ti. Pero no, sólo eran desperdicios. Cuando te entrenaba para la pelea, pensabas que jugabais. Pero no, simplemente te estaba convirtiendo en asesino. Con cada paliza, tu lealtad se acrecentaba sin ver el mal que te hacía.

Luego vino la arena y la sangre y el gentío y más perros con sus dueños y sus propias historias. Sin embargo, nada te importaba teniéndolo a él detrás. Una mirada, una brusca caricia, una voz, y a matar o morir por él, que para eso te hizo a su imagen y semejanza.

Tras los preliminares, el frenesí de la pelea a vida o muerte. Nunca viste nada más allá de tu oponente y tu propio dueño. Pero hoy es diferente. Hoy, por primera y última vez, has visto el velo obscuro de la muerte y has sentido su gélido susurro, «Hoy te toca a ti», ha dicho.

Bien sabes tú y bien sé yo que lo peor no son las heridas, ni el miedo que pasaste, ni las vidas que arrancaste, ni la vida que vas a perder… lo peor es el desprecio y la decepción dibujados en su rostro. Lo peor es que no será la suya la última cara que verás. Con un poco de suerte, alguien vendrá a rematarte antes de ser enterrado. Si no, únicamente te quedará el consuelo de ser sepultado con la misma arena que tantas tardes le dio la gloria a tu amo.

Lo pongo entero en negrita porque no tiene desperdicio. Ni yo abuela… xD

Un día cualquiera.

Hoy, os quiero obsequiar con un relato corto que incluí en mi libro “Nacido de mí”. Espero que os guste tanto como a quienes me han pedido que lo suba casi desde el momento en que lo leyeron.

Sentado sobre su cama, no hacía más que recordar aquello que tantas veces le repitió su madre de joven, cuando aún iba a la escuela y cuando tuvo su primera cita aún siendo niño. “Hijo, limpia bien tus zapatos. Dicen mucho de la persona que los lleva”. Ésas eran las palabras que resonaban en su mente mientras su mujer, detrás de él, apoyada sobre el quicio de la puerta, lo miraba con media sonrisa que denotaba complicidad y preocupación a la vez.

Aquel gesto de su marido se había repetido con demasiada frecuencia los últimos meses. Cada día se levantaba temprano, llevaba a sus hijas al colegio y hacía fotocopias en la papelería más cercana, intentando no ser visto por sus pequeñas. Luego, con pocas esperanzas pero mucho coraje, iba a los sitios más insospechados a repartir sus folios. En cada uno pegaba cuidadosamente su foto, con unos años menos para disimular su edad. Pero algo le decía que su esfuerzo era en vano; que sus folios no iban a durar mucho más que su propia estancia en dichos establecimientos. Todavía recordaba aquella vez que dejó uno de sus folios en el mostrador de una tienda de ropa y tras dar varios pasos, se dio media vuelta para agradecerle su amabilidad a la dependienta y ésta ya había hecho una bola muy simpática con su foto, dispuesta a ser lanzada a la papelera. Todavía hoy se pregunta qué era lo que más le dolió, si la falta de respeto o el guantazo que le dio la realidad.

Mientras se afanaba en sacar brillo a sus zapatos, allí seguía su esposa, consciente de la humillación que suponía para su marido salir cada mañana a buscarse la vida sin tener ni una oportunidad, y de la  profunda vergüenza que sentía éste al salir del hiper con un par de chorizos bajo el brazo y la fruta mal pesada al pasar por caja para tener algo extra que llevarse a la boca. Ya no es el mismo que se comía el mundo cuando aún le dejaban. Ahora está más calvo y más gordo y con más arrugas. A nadie le importa demasiado toda la mili que lleva en su maletín. Toda esa experiencia desperdiciada simplemente porque no cumple el canon de belleza establecido.

Sin embargo, ahí estaba él dando lustre a sus zapatos tal y como lo había hecho durante los últimos cuarenta años. Quizá lo hacía porque era uno de los pocos minutos al día en que gozaba de paz y tranquilidad. O quizá fuese porque, efectivamente, tenía la convicción de que hoy se encontraría con un jefe capaz de reconocer a un buen trabajador entre tanto maniquí descerebrado.

Al cabo de un rato, satisfecho por su buena labor, se levantó dispuesto un día más a buscar fortuna. No obstante, sin tiempo para el desánimo, al ver a su esposa con el gesto congelado y una lágrima caminando lentamente por una de sus mejillas, supo por qué salía cada mañana: porque se lo debía a su mujer y a sus hijas.

¿Mi futuro?

Me preguntaba mi querida Capitana, mi queridísima Capitana, que cómo me imagino a mi yo del futuro si ahora se me presentase.

La verdad es que no he querido responder a la ligera a esta pregunta para no tener que tragarme mis palabras el día de mañana, y también para no caer en una falsa modestia.

Siendo sincero, se me ha ocurrido un sinfín de posibilidades de mi futuro. Pero de lo que aquí se trata es de intentar vislumbrar mi proyección personal, de cómo seré con el paso del tiempo, -a lo cual os invito-. Para ello, me he planteado partir desde cómo soy en la actualidad.

Así, groso modo, me definiré como un tipo formal, serio, afable según con quién, gruñón según cuándo y dónde –y también con quién-, observador –hasta límites insospechados- a la par que despistado, desconfiado, luchador, leal, orgulloso, testarudo, impaciente, sincero, borde, cortante, callado, hablador según con quién, cuándo y dónde, impulsivo…

Bien, no  sé adónde me lleva todo esto, pero en principio es así como me veo a mí mismo –ahora que lo pienso, también debería añadir rencoroso, agresivo, pasota, paranoico, etc. etc. etc., pero si lo pongo no me salen admiradoras-.

En cuanto a mis proyectos vitales, que en cierto modo van conformando mi personalidad, y que formarán parte de mí –o no- en el futuro, tengo varios: terminar la carrera de Historia, sacarme las oposiciones de penitenciaría y seguir escribiendo. No, el amor no es un proyecto vital para mí, al menos no en este momento.

Hasta aquí lo actual, de cuya evolución dependerá mi forma de ser futura. Ahora toca elucubrar un poco, y lo haré de forma rápida, realista y tajante. Es decir, si hoy día soy tal y como he dicho que soy, teniendo en cuenta que actualmente todo me va relativamente bien, el hecho de pensar que me sacaré la carrera para no trabajar “en lo mío”, de que probablemente no consiga plaza como funcionario de prisiones y de que seré un escritor aficionado toda mi puta vida, no me dan razones halagüeñas para prever una madurez y vejez idílicas.

Sí, así es cómo me veo si no tengo un poco de suerte y no consigo “trabajar en lo mío” –bien como funcionario de prisiones, bien con algo relacionado con la Historia-, o triunfar con algún libro que escriba, el cual sea leído por algún progre snob en busca de un novel del cual aprovecharse y me elija a mí, cumpliendo de esa forma mis sueños: “ser explotado por una panda de hijos de puta que editen mis historias y me paguen por ello”, -entrecomillado, como si fuera la cita de alguien importante-.

Sea lo que sea, tanto si triunfo como si no en mis propósitos, mucho me temo, querida Capitana, que seré un tipo amargado, taciturno, hastiado, malhumorado y frustrado –sí, incluso si triunfo me veo de esta forma-. Como no me  preguntabas si me caería bien o mal, me ahorro esa otra teoría, mas no dudo que me daría muchísima lástima de mí mismo.

Por todo ello, espero que sigas ahí toda mi vida, para hacerme sentir afortunado y pensar que hubo algo a lo largo de mi existencia que valió la pena alcanzar y conservar.

 

P.D. que no se me ofenda  nadie, cada persona que me conoce sabe bien mi opinión sobre cada cual: a quien quiero, a quien odio, a quien aprecio, a quien tengo como un-a hermano-a, etc. Pero mi Capitan666 es mi Capitana666.

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